Me gusta comer. No puedo evitarlo. Disfruto con la comida, venga de
donde venga siempre que esté bien cocinada, con amor y con mimo, con paciencia y cariño. Y es difícil (que no imposible) que el amante de la comida no ame
también la cocina. Yo no iba a ser menos así que la cocinar es otro de mis
hobbies. Todo comenzó siendo pequeña….
Cuando era una niña descubrí que a mi madre le gustaba hacer magia.
Hoy en día le sigue gustando y es por eso que en casa no la dejamos cocinar. Su
novio es quien se encarga de los fogones y ella se divierte siendo la pinche. Y
es que mi madre es de esas personas que descubrieron la olla exprés y que
adoran sacar cosas de ella como conejos de sus chisteras. Ella siempre ha dicho
que le gusta la cocina pero... (no es verdad). A mi madre le gusta meter cosas en la
olla, cerrarla, volver al cabo de cinco minutos y… ¡sorpresa! ¡Hay cosas
cocinadas dentro!
Por atentados como el arroz con atún a la olla exprés de mi querida
mamán (no te ofendas, tienes otras muchas virtudes por las que te queremos el triple ^_^) es por lo que desde muy
pequeña empecé a experimentar con la cocina. De aquellos tiempos son mis
pizzas con montaña, mis bollos de yogur, las natillas y los marmitakos. También de esa
época datan mis conocimientos acerca del manejo de la olla exprés (ji ji.
Alguien tenía que enseñarme mis primeros pasos :p).
Creo que todo niño tiene que pringarse las manos en la cocina de forma
que aprenda a manipular alimentos a combinar texturas y a descubrir colores.
Muchos de los niños que he conocido que comían mal se debían a un problema en
la presentación y las texturas. Ningún niño quiere merluza rebozada secorra del
día anterior pero, ¿y si le sobornamos con pescado de colores?
Cuando me marché de casa también me di cuenta de lo importante que es
comer bien para estar sano y sentirse a gusto con uno mismo. En mis tarteras no
faltaban las legumbres y los guisazos contundentes. Al empezar a trabajar como
esclava (sic!) también me di cuenta de la importancia del tiempo. No se puede
dedicar cuarenta y cinco minutos de los que no dispones a cocinar pero hacer un
emperador a la plancha tarda exactamente lo mismo que una pizza precocinada del
súper.
Así que haré un apartado de recetillas en este blog. Unas más
elaboradas que otras, ninguna complicada, para poder compartir un poco de esa
sabiduría atesorada a lo largo de algunos años (pocos, ¿eh? Que hace unos días me
pidieron el carnet de identidad en el supermercado para poder comprarme un vino
^_^).
PD: Yo nunca renegaré de la olla exprés. Es uno de los inventos del siglo: lo mismo le sacas un cocido que (este chascarrillo es para el gremio veterinario) un pijama autoclavado bien estéril
de sus entrañas…





